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dc.contributor.author[Sin autor]
dc.date.accessioned2024-06-08T22:12:11Z
dc.date.available2024-06-08T22:12:11Z
dc.identifier96
dc.identifier.urihttps://cenidim.metamoshe.online/xmlui/handle/123456789/13065
dc.description.abstract"A reserva de que El imparcial se ocupe con la extensión que merece del segundo recital de la pianista magyar, la eminente Yolanda Meroe, valgan hoy tres líneas en cumplimiento a la tarea informativa. El segundo recital se inició con el gran Concierto de órgano de Bach-Stradal de amplísimas frases, solemnes, como para llenar las bóvedas de un templo, concierto que hacía recordar el origen de la fuga, pues dícese que nació observando el músico el efecto y contraste de los ecos de las plegarias religiosas que todavía revolotean bajo las arcadas, cuando ya sube el coro de los fieles nuevamente, encontrándose el sonido acústico con el primero. Yolanda Meroe pudo este concierto con la especialidad, con la dulzura que le reconocimos la primera noche para interpretar al dios de la música, sentimentalidad angélica que torna cantable el contrapunto. Vinieron después tres capriccios [sic], el primero de Mendelssohn, el segundo de Brahms y el tercero de Vogrich. Con la independencia de sus dos manos, con el estilo aéreo peculiar al autor y revelando el toque clásico de los primeros estudios de Félix Mendelssohn Bartholdy, expuso la pianista a la luz de la crítica y al calor del entusiasmo el primer capricho. El segundo fue dulcísimo y de una suavidad inefable, y el tercero de elegante estilo. Después de pequeño intervalo, se reanudó la audición con la primorosa serenata de Rachmaninoff en que las manos de la ejecutante parecían 'pincer' las cuerdas. Momento delicioso que arrobó en ensueños y misterio al auditorio fue la parte de Chopin, el Etude C moll, el Vals E moll y la polonesa as dur. Sentida fue la primera obra y más aún la segunda, empezada suave y como jugueteo de perlas, con frases mordente y dramáticas. La forma elegante del vals, los pianísimos y contrastes rápidos de la polonesa, era con las manos de la 'magyar' algo inaudito. El 'Tolle Gesellschaft' de Dohnányi vigoroso, conmovió menos, por ser el autor, Dohnányi, poco conocido, y no está por demás decir que fue Stefaniai [sic] el introductor a México de las rapsodias del autor citado. Tres obras de Liszt y como encore la Segunda rapsodia y el Vals intermezzo de Merkler, cerraron el encantador recital."
dc.relationPrensa Musical. El Imparcial
dc.relation.ispartofseriesEnero 20, 1912, p. 6.
dc.title“El segundo recital de la eminente pianista Yolanda Meroe”


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México, noviembre 2023

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