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Dharma, seudónimo
Dotación resumida: "Pocas veces tendremos la oportunidad de ver en nuestros escenarios dos compañías líricas tan completas, tan artísticas y tan atractivas, como las que ocupan los teatros Arbeu y Colón, y ambas en sus distintos géneros musicales, coinciden sin embargo en los de la opereta, la del primero, vienesa y la del segundo, netamente francesa. En las dos Escuelas, notamos diferencias notables; en la vienesa, el argumento es un frívolo pretexto para desarrollar una idea musical, cuyo tema dominante es un vals, y siguiendo en esa forma la tradición de Strauss, que imprimió un carácter bien determinado a sus composiciones; en la francesa, el argumento camina paralelamente con la música, tiene tanta importancia como ésta, y muchas veces supera el mérito literario de la obra al lírico. La composición vienesa es sentimental, pues por su naturaleza, el vals es melancólico, la francesa, es graciosa, ligera, alegre, madre legítima de la cuadrilla, del galop y del can cán: en la primera se siente la languidez del ensueño, y en la segunda, el entusiasmo de la vida, son dos copas rebosantes, una de vino del Rhin y otra de champagne, y ambos géneros resultan encantadores, cuando están tan bien interpretados por compañías como de las que nos ocupamos. Esperanza Iris y Mme. Cortez, son dos tipos acabados de divetas, tienen la línea flexible y graciosa que es la condición 'sine qua non' de la operetista, y por eso deleitan ambas. Nuestra compatriota comenta su canto con las suaves ondulaciones del vals, lo subraya con esas actitudes, con ese abandono que es la esencia del arte vienés, y la artista francesa, borda, detalla y desarrolla el esprit francés, con la malicia de sus miradas, las reticencias de sus frases y las entonaciones cómicas de sus couplets. Strauss y Offenbach tienen fieles intérpretes en las dos artistas, y el público, gozoso, acude a aplaudirlas. Un buen elemento de la compañía del Arbeu ha reforzado considerablemente el cuadro; Enriqueta Sala, en [La] casta Susana, ha llamado la atención, y con justicia, pues ha demostrado que posee un talento flexible, y que la parte graciosa de ella [en la] opereta no viene holgada a esa artista, que tan bien hizo la Ángela, en El conde de Luxemburgo, papel esencialmente sentimental y diametralmente opuesto al de la Susana, picaresco bien determinado. Los cuadros dramático, lírico, cómico y bufo de la compañía francesa, presentaron, en la última semana, obras importantes; el primero en Hugonotes y [La] africana, nos hizo aquilatar una vez más los méritos indiscutibles del tenor Affre, que como hemos dicho, es un maestro en el canto, y el excelente trabajo de Madame Therry y de Montano, Combes y Coiglio. El segundo en Lakmé, deliciosa partitura de Leo Delibes, el famoso compositor de Copelia, y ópera casi desconocida en México, nos demostró que para producciones francesas, se requieren artistas francesas, y pocas habrá tan marcadas, en este sentido, como Lakmé, cuyo desempeño fue magnífico, dejando una gratísima impresión de la labor artística de Mme. Charpentier y de Mister Bernard. Se repitieron Bohemia y Manon Lescaut, con el mismo brillante justificado éxito que en sus primeras representaciones, pues con artistas como Mme. Yerma, Puzzni y Brunat, cualquier obra tiene que resultar excelente, y por último, el cuadro bufo, con Le jour et la nuit, opereta de Lecocq, de las más musicales del repertorio francés, agradó mucho, porque interpretada por artistas como Mademoiselle Cortez y Joubert, que son la encarnación del esprit francés, tenía necesariamente que obtener el magnífico éxito que obtuvo. Un elemento digno de mención, lo constituye el ballet, que ha agradado bastante, destacándose el trío de las bailarinas Helaers y Battaggi, que es de lo más estético y artístico en su género, pues aquellas reúnen gracia, juventud y belleza, que son el todo en esta importante clase de espectáculos. Mademoiselle Plácida Battaggi es una joven encantadora, que ha llamado la atención del público, por su elegancia, soltura y arte, en la gavota de Manon Lescaut cautivó verdaderamente, y en Hugnotes y Lakmé se le aplaudió con entera justificación. Las compañías de zarzuela del Lírico y del Hidalgo, han puesto en escena dos obras de autores mexicanos, El dos de abril de Gómez de Haro y El hombre invisible, de Alberto Michel. La primera es un episodio de la vida del general Porfirio Díaz, muy bien tratado y muy definitivamente representado por los artistas de la compañía, dicha obra fue del todo oportuna, pues se estrenó el miércoles último, aniversario de la batalla en que aquel jefe desempeñó tan brillante puesto en nuestra historia, y por ser la primera vez que se celebró ese hecho de armas como fiesta nacional. El hombre invisible, letra y música de Michel, es una zarzuela graciosa y bien escrita, cuyo argumento esta desarrollado en un sueño en que interviene el famoso Anillo de Giges, y con tal motivo, ocurre 'quid pro quo' chispeantes, la música es ligera y bulliciosa, y el desempeño de la obra fue bastante bueno, pues todos los artistas se esmeraron y el resultado correspondió a sus esfuerzos y a los deseos del autor, que fue muy aplaudido. El hombre invisible entró de lleno en el gusto de los espectadores, y durará mucho en cartel."
Otras obras contenidas en el mismo documento: Abril 7, 1913, p. 6.
Referencias bibliográficas: Teatro, arte y crítica.