| dc.description.abstract | "La ovación en el ensayo de ayer. En el ensayo de ayer por la mañana el maestro Ponce fue estrepitosamente aclamado. Sin embargo, el teatro estaba vacío. ¿Cómo pudo suceder tamaño prodigio? ¿Qué Merlín encantador hizo el milagro? ¿Gran aclamación en teatro desierto? ¡Ah, sí! Las butacas, las sillas de los palcos, los cojines de las gradas se animaron, y allá va la ovación, obra de los espíritus en pena -pues no señores-. Aconteció algo más notable que las fantasías del arcaico. Y fue que, a teatro solo, obscuro y triste, los aplausos, los vivas, las dianas, incendiaron y alegraron el recinto, como si hubiese estado concurrido. Esta aclamación, señores míos, la llevó a efecto… la Orquesta Beethoven: los músicos en un arranque de regocijo, al concluir la segunda lectura del concierto de Ponce, prorrumpieron en vítores prolongados. Hubo grandes felicitaciones, abrazos y ruido de alegría y de entusiasmo. El maestro Carrillo que parece no tener envidia de músico, dirigió la orquesta y dirigió también la aclamación. Bien hecho. El concierto de Ponce es realmente un trabajo de aliento. Tiene novedad y vena lírica. Muy difícil es para el piano, pero el autor salva los escollos y domina las dificultades con segura facilidad. Tenemos la certidumbre de que va a entusiasmar. Hay allí mucha y muy fluida inspiración. Pero no adelantemos el juicio, piquemos solamente la curiosidad. Ya ven ustedes que el primer triunfo está asegurado. Los del oficio aplauden. Esto es, en ocasiones, prodigio mayor que los de Merlín y cuento más fantástico que los de Hoffmann. El buen Ponce sonreía y esperaba. Esperando está todavía la impresión de los dilettanti. Esta tarde la conocerá. Nosotros se la auguramos excelente. Se nos figura que el concierto dará que hablar y causará alboroto. Se trata de una labor formal de arte verdadero y noble. Mientras podemos decir otra cosa, daremos aquí el análisis del concierto, hecho por un discípulo del maestro Ponce por el joven Raúl Lozano. Primer tiempo [sic]. Allegro apassionato. Con un tutti de la orquesta da principio la obra. Un motivo doloroso y anhelante nos conduce a la entrada del piano, que está construida en forma de cadena, al terminar esta, se inicia un nuevo tema sostenido por el piano con dibujos del clarinete. Unas imitaciones entre el piano, clarinete, oboe y las flautas, nos llevan al poco piú mosso que se desarrolla ampliamente en tresillos. Después de un brillante período, la orquesta ataca el motivo inicial que se esfuma basta quedar irresoluto en la dominante. Segundo tiempo [sic]. Andantino amoroso. Los cellos y las violas cantan la melodía en la mayor con la cual comienza este segundo tiempo [sic]. Los violines cantan a su vez la misma frase y terminan blandamente, para dar lugar a un solo de piano, hecho con nuevos temas. Luego, el piano repite la frase de los cellos, acompañado por un trémolo de la cuerda. En seguida toda la orquesta comenta el mismo tema en la mayor y el piano acompaña con un diseño en octavas. Después de un breve diálogo entre la orquesta y el piano, se inicia un allegretto en compás de 5/4. El ritmo de este fragmento es incierto y extraordinario, hay en él, antiguas ternuras de cantos mexicanos y agitaciones de bailes arcaicos. Al terminar este allegreto, el piano toma nuevamente el motivo del Poco piú mosso del principio de la obra, y transportado, termina en la tonalidad primitiva enlazándose inmediatamente la cadenza del piano solo, donde están recopilados los principales temas. Tercer tiempo [sic]. Allegro non Troppo. La orquesta inicia un movimiento vivo y el piano desarrolla vigorosamente y con toda amplitud un tema francamente jubiloso, que reaparece al final de la obra. Este último tiempo es relativamente breve y pone en juego la agilidad del pianista. Termina el concierto con una progresión de octavas encomendadas al piano." | |