| dc.description.abstract | "En mi tintero, como en el del autor de las Contemplaciones, se levanta una tempestad de ideas, un enjambre de emociones dulcísimas que han quedado como palpitaciones póstumas de los movimientos alados de las manos de Yolanda Meroe. Al rizar el marfil, la primera noche, trayendo a flor de oído todo el misterio de drama y de poesía que encierra la caja del piano; volcando en cornucopia la gama de los afectos de psique, exaltando la mente y el espíritu, las crónicas a toque de heraldo, señalaron a la pianista que llegaba, como una ensoñadora que iba a conducirnos por los dominios expresivos del arte. ¿la pianista húngara era, pues, la gitana que en los pliegues de la mano descifra la buena ventura? Ni literariamente quiero decirlo porque no se me replique, por quienes desde los tiempos de Liszt se pican en resentimientos históricos, que tziganos y húngaros son elementos étnicos diversos. Yolanda Meroe vino como una sacerdotisa de las tres bellezas: la belleza esencial, que el Padre André llamaba independiente de Dios; la belleza natural, independiente del hombre y la belleza de institución humana. En Yolanda Meroe se confirma la definición de la música dada por Wroaski [sic]; un arte celeste en oposición a las artes infernales: a través de su temperamento resulta cierta la de Hegel es la expresión de los movimientos del alma humana, y ante su técnica exquisita toma cuerpo la de Alejandro Cheros: un arte-ciencia. Interpretando la música abstracta que por más que parezca paradoja hoy abunda. Yolanda Meroe corrobora la definición concreta, la corporeidad del intelecto en el sonido. Podría apurar todavía más el juicio filosófico de la belleza a través de la pianista húngara, pero ello irá afluyendo de por sí en la ojeada al recital de ayer. Comenzó con la sonata, opus 111, de Beethoven. Esta sonata está precedida de una ruda introducción; el primer movimiento se construye sobre un tema único, fuertemente ritmado, tema que ocupa todo el desarrollo. Después se vuelve a la exposición y delinease un fugato. La recapitulación concluye en una especie de coda apacible. A la inquietud y rudeza del movimiento primo sucede uno de los más serenos adagios de Beethoven, una lenta arietta, tratada en forma de grandes variaciones. San Agustín veía la esencia de la belleza en su unidad, y tal parece que Beethoven era ferviente apasionado de la formula del águila de la iglesia. Esta sonata es admirable por su unidad. La pianista la tocó con la grandeza de concepto y sentido músico de bellísimo contraste. Puso después el ¿Por qué? de Schumann y allí reveló su delicado temperamento. El vals E mol de Chopin, abrió la portada de los efectos dulces de las penumbras que envuelves en misterio a las almas. Así fue como en esta secuencia el Nocturno Des dur dejó en arrobamiento al auditorio. Si se permite la frase, la pianista lo dijo en una forma contemplativa. La Rapsodia C dur de Dohnányi fue ayer mejor gustada. La melodía de Moszkowski, el Capricho de Brahms y el Staccato de Vogrich, podrían corresponder a las definiciones de Wolff o de Hutcheson: la belleza proviene del sentido o se aquilata por el placer que produce. Como encore tocó divinamente el vals del minuto de Chopin con elegancia, con delicadeza insuperable con la gracia y el primor que entraña la ley estética de hogar: la belleza se dibuja en la línea atrevida y ondulante de serpitan. El touche de Yolanda Meroe en este vals es insuperable. Las armonías de la tarde de Liszt, página descriptiva y mística en que se oyen primorosos efectos de campana; el Sueño de amor de vigor wagneriano y la VI Rapsodia coronaron el recital. Como encore final la 2ª Rapsodia. 'Parece, me decía el licenciado F. que la pianista se empeña en encontrar al maestro Campa, cierra sus recitales dos rapsodias. Al maestro don Gustavo E. Campa le choca la forma acrobática de estas composiciones'. Y yo repuse: 'ella debe tocarlas a título de tributo al cantor de su raz'; y luego hay que recordar lo que decía Chantavoine, el gran crítico francés. Las rapsodias se distinguían por el grandioso elemento 'épico' que contienen." | |