| dc.description.abstract | "Esta es una entrevista triste. Inesperadamente -como siempre llagan las noticias crueles- voló por la metrópoli la nueva, Esperanza Iris se expatria [sic], ella, que ha dado vida a tantos escenarios, que resucitaba la gloria de las temporadas de pascua, que como golondrina de verano, regresaba al terruño con aleteos de ave gozosa, piensa -con nubes de nostalgia, quien sabe por qué sufrimiento- emprender una peregrinación, cuyos últimos confines ni ella misma señala… ¿Pero será verdad que Esperanza prepara éxodo tan amargo? ¿No se trata de la gira que año con año la lleva a Mérida, a La Habana, donde tiene un público que la adora? La prensa ha sabido que la artista marcha a Guatemala, que irá más allá. Y la voz de la calle añade que tardará en su romería, dos años, por lo menos. ¿Cuál es la verdad? He aquí el camino de la entrevista. El secretario de redacción envía a un mísero reportero a forjar la lima del tormento. -Necesita usted hablar con la divette, que le relate sus impresiones, que le explique por qué en medio del triunfo se oye esa clarinada siniestra… Y el reportero se encamina al coqueto Teatro Ideal, donde se desgranan sonrisas cristalinas, carcajadas de másculo, aplausos que obligan a la orquesta a recomenzar y al telonero a levantar la cortina una y otra vez y a la troupe a dar principio nuevamente a la terminada escena. Se representaba La casta Susana, cuya protagonista comprende tan bien Esperanza Iris. La orquesta parecía traspasar los lindes de la opereta y, presuntuosa, se envolvía en un ropaje aparatoso, con tendencias de música francesa, o alardes a la Wagner. El tema que en esos momentos tenía a flor de labio palmer, era hermoso, y luego ¡con qué elegancia, con qué naturalidad entraba al vals! La hermosa, la soberbia voz de Li-mon-Ta-ka-ma inundaba la sala, la Peral ponía cátedra de canto, y su timbre de oro parecía brotar en ondas de luz. Allí estaba Esperanza. Los ojos la seguían, ondulaba su cuerpo, vestía lindamente, y no era de creer que ojos tan risueños -porque, si lo habéis observado, hasta en la línea de sus ojos se dibuja la sonrisa- estuviese pensando en abandonar el terruño. Ese final del segundo acto, tan de buen gusto y triunfal, había seguido a una matchicha, que no se sabe si fue adosado a la opereta o, al igual que los bailes argentinos, hizo su aparición en Viena, en París. Muñecas de carne envueltas en sedas, habían avivado el ojo del sátiro, así es que al concluir, todo era regocijo, perfume de música, ecos de ritmo de juventud. Entonces fuimos al camerino. Esperanza veía una colección de retratos que le acababan de llevar. Vacilamos. ¿Entraríamos? -¡Adelante!, pronunció una voz que cortó los titubeos. -¿Conque es cierto que se marcha usted? -El 16 del presente mes… ¿Y se puede saber por qué interrumpe usted tan de improviso temporada tan brillante, tan aristocrática? -Vea usted -respondió la bella artista-, al debutar en este teatro con mi compañía, jamás pensé en el éxito que pudiera tener. De suerte que ensayamos pocos estrenos, y como las operetas que hemos puesto, se han repetido tanto… -Sin embargo, el público está encantado -Objetamos. -Hay otra razón. Como decía a usted, no pensaba en el éxito, y firmé compromisos que ya me reclaman en otras ciudades. -¿Y ese viaje va a ser largo? Porque corre el rum-rum doloroso. Se dice que tardará dos años… Que usted casi se expatria… -Que sea largo y de gran duración, solo son suposiciones mías. Depende. Por ahora solo tengo compromisos en Veracruz, en Mérida y en Guatemala. -Se añade que irán ustedes a Buenos Aires. -Esas ya son palabras mayores. -También se susurra que se presentará la compañía en Madrid… -He recibido muy brillantes posiciones. Pero todo ello depende de que marchen bien los negocios. -Nadie puede creer que usted no regrese pronto a la tierruca. ¡Es usted tan mexicana…! -¡Claro! Volveré aun cuando mi patria se encontrara agitada todavía. ¡Dios no lo quiera! ¡Si viera usted cómo me duele esto! Desearía que todos se acostumbraran a respetar al que se acostumbraran a respetar al que se acostumbraran a respetar al que está en el Poder. ¿Por qué existirá entre hermanos la discordia? La artista contestaba con tanta amabilidad, que quisimos llevar más lejos la entrevista: -¿Qué impresión tiene usted de la opereta del teatro? -Me encanta la opereta, nos respondió. Le juro a usted que si de aquí a cinco años este género estuviese en decadencia, yo abandonaría el teatro. No quiero volver al género chico, ni me siento capaz de abordar la ópera porque carezco de facultades. De suerte que, en definitiva, me despediría. -Ya que se trata de despedidas: ¿cuándo se beneficia usted? -El viernes en el Teatro Arbeu, con Eva, que tal opereta la sigue pidiendo el público. En este punto dimos por terminada la entrevista. Salimos con el dolor cierto de que se marcha, pero sin la afirmación categórica de que no tornará. Que los países de 'extranjis' [sic] nos devuelvan pronto a la mimada del público. Porque en México, señores, todo el mundo es 'Irista'." | |