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dc.contributor.author[Sin autor]
dc.date.accessioned2024-06-08T22:09:37Z
dc.date.available2024-06-08T22:09:37Z
dc.identifier564
dc.identifier.urihttps://cenidim.metamoshe.online/xmlui/handle/123456789/12716
dc.description.abstract"Ayer torearon a Bizet, mañana bailarán El pagaré. La ópera indultada, volvió al corral por la impaciencia del público. Una tarde de triunfos para Luis Freg. Pues señor, no hay que tomar en serio el Teatro de la naturaleza, al menos tal como lo ideó un francés, poniéndole por horizonte, la grisácea gradería de una plaza de toros. La naturaleza, así limitada entre los toriles, y el biombo, resulta timo. En Francia, y últimamente en Cataluña, artistas serios, han organizado representaciones al aire libre, bajo el cielo, pero fabricándose, dentro del ambiente natural, escenarios adecuados a las obras que se representaban, casi siempre de acción campesina. Poemas eglógicos generalmente. La Carmen al aire libre, rezaba el cartel, y la verdad es que hubo poco de Carmen, tan poco, que ni siquiera supimos en que terminaron sus trágicos amores con Escamilla, pero en cambio sí hubo aire, mucho aire libre, tanto, que cegaba al auditorio y se llevaba las notas de la orquesta, 'cual hoja seca que arrebata el viento'. Cuando llegué al circo taurino, cuatro guasones rodeaban en plena arena a una joven y la asediaban con más ardor que la Ciudadela fue asediada, expresando estas palabras. Ellos: -Mi bien, por tu amor solamente, he venido yo aquí… Coro: -Sí… sí… Ellos: -Carmen siguiendo tus huellas la calma perdí… Coro: -Sí… sí… sí… sí. Ellos: -Carmen, siguiendo tus huellas la calma perdí… Coro: -Sí… sí… sí… sí… Ella: -¡Déjaaame!... Entonces fue cuando pudo identificar a la señora asediada; era la propia perdida y coqueta cigarrera de la de Bizet. ¡La pobrecilla! Y qué mal rato la estaba haciendo gasar un bombero (¡qué vestuario!) que ahorcajado en una silla la escuchaban, con la misma indiferencia con que escucharía el canto de un gallo, entona aquello de ‘Te he de amar y te he de amar… Y si tú me amas infeliz de ti…’. El coro iba y venía, algunos soldados se habían aquerenciado en las tablas y varias coristas permanecían en los chiqueros después de un mutis, cuando selló otra joven menudita ella, larga trenza rubia, buena lámina. -¡Micaela!, gritó el bombero, y la emoción lo hace remedar un cambio en la silla. -Sí, la misma, soy José. -Háblame de mi maaaadre!... gritó el tenor y de un solo golpe llegó al ‘sol’, pero no al de la e, sino al tercio de sol, arrastrando tras sí a la bella rubita. Carmen, que está al ‘paño’ en el callejón, surge, le tira el bombero una flor a la nariz y váse [sic]. La flor debe de haber sido metafísica, pues nadie la vio, y eso que José no parecía ser de los que las cogen al vuelo. Parecía que aquello no pasaba adelante, pues la batuta del maestro Aragón marcaba en vano compás tras de compás. Pero cuando menos se esperaba se armó la gorda (Carmen era de muchas libras) en el patio de cuadrillas y la protagonista aparece en el ruedo con media estocada, chalequera en un brazuelo, mismamente que él [sic] hubiera tenido una entrevista con 'facultades', pero no hay tal, lo que había ocurrido era que en una fábrica de cigarros (que se supone en el patio de corceles) ha ocurrido una riña que el público tiene que imaginar con un poco de buena voluntad. Todo se supone y de suposición en suposición llegamos al herradero final del primer acto. ¿A qué seguir? La bella ópera destrozada, escarnecida, se arrastra por la arena entre nubes de polvo. Se suceden las escenas grotescas, hasta que el público, ¡oh, buen público de toros!, que iba en pos de su diversión favorita, se fastidia de ver torear a Bizet, y comienza a mover la bronca, obligando a la empolvada farándula a hacer un mutis definitivo, indultando así a Carmen de la estocada final y obligando a José a volver al corral. Hablando piadosamente hay que decir que quizá esa compañía cantando la popular partitura en un teatro, en un ambiente adecuado, habría cumplido artísticamente su cometido. Pero allí, en pleno ruedo, con un vestuario carnavalesco."
dc.relationPrensa Musical. El Imparcial
dc.relation.ispartofseriesMarzo 17, 1913, p. 5.
dc.title“La plaza de toros El Toreo es cosa mimo-músico-bailable”


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México, noviembre 2023

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