| dc.description.abstract | "El ubérrimo poema sinfónico de Moszkowski, en que el alma rusa vertió su espléndida y fogosa paleta de colores, la copia de todos los sentimientos humanos, desde la sencillez bucólica a la agitación dolorosa del sentimiento patrio de la quietud de la vida de ensueños que miran a flor de realidad el espejismo de oro de la bienaventuranza ultraterrestre a la acción épica en que se oye el agrio choque de los pueblos, el poema del sonido que descubre al través de un periodo de crecimiento orquestal la transmisión del alma femenina a la recia figura masculina, revestida de las armas del combate, el hermoso poema, en fin, consagrada a Juana de Arco inició triunfante el concierto de ayer de la temporada Meneses. ¿Qué mejor pintura de una meditación y combate de la conciencia que el andante doloroso del poema que ayer escuchamos? Las melodías de los violines clamando a la sordina, los compases sincopados, los persistentes redobles, las es descendientes imprevistas, el tiempo silente y reposado conto el paso que apenas despierta un eco lejano en los claustros de monjes contemplativos. Después el tiempo de marcha, las fanfarrias, el combate y la apoteosis. En la segunda parte del concierto, cantó el aria y balada de Ofelia de la ópera Hamlet de Thomas, Consuelo Escobar, la adelantadísima discípula de la señora Ochoa de Miranda. Largos años hacía que ni la sala de conciertos ni la ópera ofrecían una voz tan bien pulida, con todo el tallado de la escuela tan bien impostada y tan dulcemente emitida. Coronó la audición el concierto primero de Liszt, pues puso ese talento pianístico a quien espera un porvenir de fama nacional, el joven Carlos Lozano, quien pronto marchará a Europa pensionado por el Conservatorio Nacional." | |